PELIGRO:

Javieras Creando

El Blog de la Fran-Javiera

Querido papi

(Parte 2)

En mi cabeza ya te he escrito cientos de veces esto, lo he hecho varias en papel a modo de lluvia de ideas y lo he hecho un par en el computador. Pero creo que ya ni me acuerdo por qué era que tenía que escribirte. En realidad sí, sé que esta es una tarea que me dieron y que debo escribirte desde mi yo adulta. He pensado tantas veces en lo que debe ir dentro de esta carta que ya no tengo claro qué era lo que sí debía poner acá. Lo que siento con respecto a ti? Lo que necesito contarte de adulta ahora a mis 29 años? o lo que necesitaba contarte y decirte antes? todo hasta cuando tenía 27 y seguías vivo? No sé. Ya ni sé por dónde empezar. 


No sé si necesito pedirte perdón por haber sido tan lejana cuando crecí. A veces creo que sí, porque sentía que era una forma de intentar hacerme creer que ya no me importaba tu adicción al copete y que sin importar qué igual huirías de mí de todas formas. A veces me da rabia pensar en que perdí tiempo creyendo que eras una mala persona cuando quizás sólo necesitabas terapia. Pero es difícil entender algo tan simple cuando eres chica y el acceso a la información es casi nulo. Más si tu historia, o sea, la recolección que pude armar con respecto a tu historia fue una selección de recuerdos que me llegaban de otras personas, personas que tú conocías y que me contaron la versión que tenían de ti. En realidad no es como si yo hubiese sabido algo de ti, la mayoría fue acerca de ti, de trozos de otras realidades que te vieron, pero no desde ti, no sacadas de tu historia ¿me entiendes? En esta parte me mirarias, te acercarías el cigarro a la boca y me dirías “estai loca, cabrita”. 


La mayoría de la gente me decía lo buena persona que eras, cuando moriste, en el funeral. Fue en la casa de tu mamá, en Chillán. Hay gente que se le acercaba a tus hermanos y les decía que trabajaron en no sé dónde contigo y que habías sido representante de no sé qué. Que habías formado una fundación para inmigrantes, que fuiste aval de uno de ellos para estudiar en un instituto, que fuiste dirigente deportivo. Sí, esa no me la creía, tú dirigente deportivo… Que trabajaste en el liceo por años, que conociste a Evaristo, el inspector del liceo jugando a la pichanga en la cancha del chile, y que le aforraste en la canilla, que luego de eso empezaron a trabajar juntos. De ahí salió la multicancha techada del liceo, los dos internados para que quienes vivían en sectores rurales apartados pudieran terminar la media, que idearon la forma de que la banda del liceo tuviera uniformes. Me dieron banderines de clubes deportivos, del liceo, del club de deportes y de cuanta weá te imaginís. No fue tanta gente a tu velorio, al menos no tanta como pensamos que iría. si hubiese sido en chimbarongo demás que llega la caravana que soñabas, pero en chillán ya no eras tan conocido. 


¿Viste? Me desvié del tema. Así han sido todas las cartas que he intentado escribirte, ambiguas, llenas de cosas, con tantas aristas como tú. 


No sé qué decirte, o sea sí, pero cuesta decirlo. Necesito decirte que te amé por mucho tiempo, te veneré durante muchos años, creía que eras lo máximo. Pero luego entendí que no. Que habían versiones de ti: tú dentro de la casa sin visitas, tú fuera de la casa, tú con copete y tú sin copete. Dentro de la casa casi ni existías, siempre estabas acostado viendo la tele, luego entendí que muchas veces estabas pasando la caña. Tu versión dentro de la casa con  visitas me incomodaba, sabía que iba a terminar mal, que habría una discusión entre mi mamá y tú porque algo ibas a hacer. Años después descubrí que por esto mismo no me gustan las fiestas en casa, ni la gente que toma. Sí prefiero las discos, en las discotecas con música fuerte nadie escucha si estás discutiendo. Odiaba mucho tu versión fuera de la casa con copete, o sea solo porque en realidad siempre andabas solo, era evidente que salías a tomar. La peor parte venía cuando tenías que irnos a dejar y estabas borracho, o a veces ni aparecías. Tu versión sobria me tranquilizaba, ahí demostrabas tu conocimiento en su máxima plenitud y me enseñabas juegos como el de la palomita junto a la chimenea. 


Con tu cigarro prendido o con el cigarro apagado, la verdad es que necesitabas tener algo parecido a un cigarro entre los dedos para calmar tu ansiedad. Guau, primera vez que pienso en ti y digo la palabra ansiedad, siempre fue adicción, pero jamás ansiedad ¿Viste? ¿viste que nos faltaba hablar?  


A veces pienso en que podría haber hecho un libro con tanta historia tuya. Que de haber tenido los medios tecnológicos que tengo ahora te hubiese entrevistado cada vez que hubiese podido. Hubiese grabado nuestras conversaciones y te hubiese preguntado por qué anduviste con el brazo derecho encabestrillado cuando yo tenía 10 años, sí esa vez que me retaste por no poder pasar bien los cambios del auto celeste. Hubiese preguntado por qué te fuiste del PPD y años después te pasaste al PRO. ¿Cuántas veces realmente fuiste candidato a alcalde o concejal? y sí, aún te puteo en mi cabeza porque nunca quisiste dejarme acompañarte a hacer campaña contigo. A veces creo que sí hubiésemos coincidido y que habría aprendido de ti y tú de mí. Pero sí, parece que el macho de izquierda se hizo presente. 


Te hubiera preguntado sobre mi abuela, sabís que ni siquiera la conocí bien? Al igual que de ti, sé cosas de ella porque tú o mis primos o mis tíos hablaron de ella en la sobremesa, pero realmente no la conocí. Tengo una idea vaga de quién fue y que como cualquier mujer de su época y región terminó sometida a un hogar y un marido violento. 


No sé si vaya al caso, pero te cuento igual: Me compré una bicicleta, es linda, es azul, casi un azul marino. Cuando me la vendieron, me dijeron que la pintara de otro color, pero yo la encontré perfecta, me subí a ella y sentí una libertad bonita, me hubiese gustado que tu mamá se haya sentido así de libre alguna vez. Así que le puse Marina a mi bicicleta. 


Andando en bicicleta he sentido el aroma de ambos, de ti y de la abuelita Marina. Es raro, a veces se me vienen a la mente.  No sé si decir que los extraño es acertado, quizás los recuerdo y me hubiese gustado aprovechar un poco el tiempo o quizás haberlo usado de otras formas. 


Ahora cuando agarro todos los pedazos de historias que tengo sobre ti y armo esta versión que tengo de ti, de mi papá, pienso en que sí fuiste la mejor versión que pudiste, a pesar de que siempre esperamos más de ti porque sabíamos que eras los suficientemente culto para entender las cosas a tu alrededor pero sí, dentro de tus opciones y oportunidades sí lo fuiste, o eso intento creer. 


Yo también fui la mejor versión de lo que tuve al alcance en ese momento. Y te daré las gracias. Porque creo que la versión que soy ahora es en gran parte gracias a ti, a lo que me enseñaste, a las dificultades que pasé contigo, a las rabias y a las experiencias que logro analizar ahora. No fuiste el mejor papá del mundo, pero sí fuiste el mejor papá que tuve. 

Querido papi

(Parte 1)

Te escribo para que dejes de caminar tan rápido. 


Cada vez que voy al campo contigo siento que tus pasos son kilométricos y mis pies no te alcanzan. Me gusta mucho salir a caminar contigo, pero me canso. Los surcos de la tierra arada son grandes y creo que la única forma de seguirte es pisar las huellas que dejas. Pero tus pisadas son largas y no alcanzo. Debe ser chistoso verme intentar dar saltos, no sé si me has visto, yo me imagino viéndome y se debe ver chistoso. Cuando salgo contigo es difícil andar a tu ritmo, eres rápido y siempre andas apurado. Así que lo único que atrapo de ti es el humo de tu cigarrillo, ese que llevas entre los dedos índice, pulgar y anular de la mano derecha, que tomas como escondiéndolo entre la palma de la mano, no sé cómo le haces para no quemarte, una vez te pregunté por qué lo agarrabas así y me dijiste que era porque en el internado no te dejaban fumar, así que lo hacías escondido. A todo esto, ¿a qué edad empezaste a fumar? 


Una vez te hice una especie de altar en el mueble de la última pieza ¿te acuerdas? Junté todas las cajetillas que pillé entre tus chaquetas y documentos, puras cajetillas vacías. Eran viceroy rojo, de esas blancas con unas cintas rojas con bordes dorados, son lindas. Las pegué en el mueble porque me asusté mucho, en la tele vi que hay personas que se mueren de cáncer y tú fumas mucho. Eran muchas cajetillas y estaban todas vacías. 


En realidad mejor te escribo para que por favor dejes de fumar. 


Cuando te mostré lo que había hecho con el mueble andabas apurado, casi ni lo viste. Me dijiste está lindo y saliste al centro. Recién cuando volviste tu reacción cambió. Tú cambiaste, en realidad la frase “voy al centro y vuelvo” es la que te cambia. Después de esa frase sé que vas a llegar cariñoso, que vas a llegar conversador, que vas a llegar a fumar afuera, te preparás un tomate con pan y té y te irás a acostar, o quizás no. A veces sólo llegas a dormir. Cuando llegas directo a dormir es mejor. No hay discusiones y mi mamá sólo pone mala cara, pero ya no hay discusiones. Cuando las hay quien se va directo a dormir soy yo, porque prefiero no oirlos gritar. Me duele escucharlos gritar. A veces pienso que si yo no estuviera no tendrían que estar juntos si no se quieren, no se gritarían más. ¿Has visto ese reclame en blanco y negro que dan en la tele? ¿ese con música triste de la joven que está mirando a una niña chica jugando en el patio a través de un ventanal y repite “si tú no estuvieras”? “Si tú no estuvieras yo podría estar estudiando la carrera que yo quería... “ ese? Cuando los oigo gritarse es lo único que pienso. En que si yo no estuviera ustedes podrían separarse, mi mamá podría trabajar en lo que ella quisiera, podría salir. Si yo no estuviera podrías salir al campo tranquilo, no tendría que esperarte ni ir a buscarme a la escuela. Podrías salir con tus amigos y nadie te miraría feo por llegar curao a la casa. 


A veces me da miedo que tomes tanto y no me gusta que me lleves a tomar contigo. No soy tan grande como para soportar tu peso y llevarte hasta la casa de vuelta. Tampoco sé manejar ¿y si te pasa algo? 


Me gusta que te pongas cariñoso y que me cuentes cosas cuando andas curao, me has contado muchas historias entretenidas, pero prefiero que estés sin copete. El copete te hace mal y cambias. Te pones diferente y haces tonteras con copete.  


En realidad mejor te escribo para pedirte que dejes de tomar tanto.

Miércoles

2 de septiembre

2020

Justo pal día de mi cumpleaños, la Po Javiera nos mostró el panfleto que armó para hacer la convocatoria y me acordé que hace dos años estaba saliendo de la caca. Sí, tal cual. Aunque podría decir que renací de las cenizas como ave fénix que se levanta orgullosa e imponente, pero sería demasiado poético para lo que realmente estaba ocurriendo, y yo en ese momento estaba saliendo de lo que fue mi peor episodio. 


Lo cuático de la vida, al menos de la mía, es que siempre que estoy a punto de tirar la chala zico lejos y “filo, me hago bolita y me quedo aquí” algo aparece que ¡paf!, me hace salir. Y ese ¡paf! apareció de regalo de cumpleaños. Pal día más cuático y menos deseado del año. 


Nací el 27 de agosto del 91 a eso de las 11 de la mañana. Fui dada en adopción y a los 13 días de vida llegué a los brazos de mi familia adoptiva. Por lo que el tema del cumpleaños siempre ha sido un tanto catastrófico anímicamente, porque a pesar de ser culturalmente un día en el que se festeja, dentro de mí igual existía ese sentimiento de que ese día fue el día del abandono (no puedo poner retchazo porque, obvio que sí po, APRUEBO –convenciónconstituyente- ). 

Yapo, me estoy desviando. Hoy vengo a hablar de cómo llegué a Las Javieras.


Hace dos años estaba saliendo de lo que fue un periodo super oscuro. Desde rupturas amorosas, hasta quiebres políticos (porque sí po, weona, la política universitaria está muy llena de pretensiones, luchas de egos, encubrimientos y weás). En ese momento me di cuenta de que lo que consideré amistad me había dejado profundamente dañada y que las relaciones tóxicas no sólo son las románticas; que la había cagado con más de algún amigue por dármelas de bacana; que estaba perdiendo tiempo y plata en una carrera que odiaba con el alma y me tuvo con pensamientos suicidas durante caleta; que tenía que necesariamente dejar atrás el sentimiento de culpa por haber andado con un machito violador funao; más encima no me aceptaron en dos cursos a los que postulé; y como guinda de la torta, tenía que dar un paso al costado con mi grupo de teatro universitario porque ya no pertenecía a la institución y no tenía na que hacerle… Así que literal… me había quedado sola, sin proyectos, sin teatro, sin piso y a esa altura sentía que sin ninguna expectativa. (Weona, ahora que lo pienso, menos mal que no se me murió nadie, ni el perro se me enfermó. En volá ni tan periodo caca era, pero filo, soy una privilegiada que se está quejando y desviándose del tema, otra vez.)

Estaba saliendo de un mundo al cual me había acostumbrado, en donde me sentía brutalmente cómoda y me quedé sin nada de eso, por lo que mi rutina pasó de tener al menos 7 tipos de actividades por día a tan sólo ir del trabajo a la cama y de la cama al trabajo. Estaba tan absorta en mi propio pesimismo que no me di cuenta de lo mal que estaba… Pero mi mami, que me conoce y sabe que me gusta estar en mil weás, un día me hace ver que estoy perdiéndome y que necesito buscar algo más para volver a encontrarme. Así que literal me puse en campaña, empecé a buscar y fue frustrante no encontrar nada, por lo que volví a darme por vencida. Así estuve mayo, junio, julio y mi nunca bien recibido agosto… 

Vi el cartelito en facebook mientras perdía el tiempo, lo miré con emoción pero me dio miedo apuntarme. Lo volví a mirar en la noche y me decidí: “total, lo peor que podría pasarme es que me digan que no”. Estaba tan emocionada que envié todos mis datos, poco me faltó pa poner el rut. Me respondieron una semana después cuando ya había perdido toda esperanza xD 
“…les pedimos asistir preparadas con un monólogo femenino o una lectura emotiva y la mejor disposición” WEONA, es que llegué a saltar en una pata de la emoción! Tres segundos después entré en pánico porque no sabía qué cresta presentar! ¡En serio quería entrar al elenco ciudadano!


Estuve un mes practicando cuanto texto encontraba: poemas, prosas y ensayos, ninguno me hacía sentido y estaba impaciente… El 23 de septiembre, DOS DÍAS ANTES, me viene un ahogo por un caso de abuso sexual que llegó a mi pega y sentí que todo se me vino encima. Empecé a escribir mientras lloraba frente al computador. Era una catarsis, hace dos meses habían funado a mi ex por violador, hace uno me habló la compañera porque no sabía si yo estaba bien y quería alertarme del sujeto con el que estuve, en ese momento no reaccioné, sólo seguí por inercia y por primera vez en mucho tiempo me sentía ahogada y necesitaba llorar y soltar todo…


En fin… el día llegó: Era un 25 de septiembre, hacía frío, estaba nublado y corría viento. Llevaba mi mochila con comida para mí, para compartir, llevaba comida vegana por si alguna lo era. Llegué hora y media antes al lugar de encuentro. Me paseé por el lugar hasta estar segura de que era el edificio. Me senté afuera a practicar el texto que yo misma había escrito y que en realidad me sabía casi de memoria. No podía comer por lo ansiosa que estaba, pero mirar a los perritos que jugaban en la plaza me relajaba un poco. Andaba con un termo para tomar café, café que derramé en mi ropa de tanto que tiritaba del nervio. Me dio la weá y quise ponerme a llorar, pero vi movimiento en la puerta del edificio: ya era la hora y al parecer habían llegado. Me acerqué temerosa y me recibieron con abrazo y beso incluido. Pasé y me senté al fondo, junto al ventanal, lo más alejada de todas porque tenía entre miedo y vergüenza. Las vi pasar una a una y las admiré caleta. Me sentí chiquitita, me tiritaba la pera y sentía que si leía mi texto iba a comenzar a llorar, ellas no iban a entender nada y a pesar de que dijeron que ya estábamos todas dentro del elenco, no me iban a aceptar… Cuando llegó mi turno, pasé adelante, me senté, tomé mis hojas y empecé: “Mi nombre es Francisca, tengo 27 años y voy a leer un texto que encontré en internet, es de una escritora española, porque en realidad no logré escribir nada de mi autoría…” 


Me la ganó po… Aunque sin duda fue el mejor regalo que pude haber recibido <3

Sábado

2 de mayo

2020

Tengo un trabajo extraño. Trabajo no remunerado. De repente siento que no me la puedo y que no sirvo para el trabajo.


Trabajo dando consejos, leyendo historias de mujeres que le cuentan a una desconocida sus propios secretos. A veces la carga emocional es mucha. Los “nunca le había contado esto a nadie”, “mi familia no tiene idea”, “me da miedo contarle a mi pareja” son las frases que más me agotan, porque me agota el dolor ajeno ¿y cómo no? Ese silencio guardado por años de mujeres que han sido víctimas de abusos, violaciones y maltratos físicos y psicológicos por personas que deberían amarlas y cuidarlas.


Al principio lloraba todas las noches, el desconsuelo me tenía noches sin dormir y cuando lograba conciliar el sueño, aparecían las pesadillas. Eran tan vívidas, tan detalladas, tan reales… era una niña de cinco años violada por su abuelo, una adolescente abusada en la micro camino al colegio, una madre golpeada por su pareja... Con el tiempo logré, no sé cómo, detener las pesadillas. Me hice fuerte (?). No sé cómo chucha le hacen las terapeutas pa no volverse locas porque la realidad de verdad supera tanto a la ficción que llega hasta a dar miedo.


Creo que lo que más me desespera son los casos de violencia cuando estos están pasando en tiempo real. Y necesitas hacerle ver a esa persona que debe salir de ahí, que no le hace bien estar en ese lugar y convencerla de que no merece a alguien que la maltrate, que eso no es amor y que su vida corre peligro. Porque decirle a una mujer que abandone a un maltratador y abusador del que depende económica y emocionalmente es complejo, debido a que la falta de autoestima y el nivel de culpa que tienen implantado es innegablemente potente y ayudarla a superar el miedo a través de un medio digital es más brígido que la chucha. Por eso me violenta un poco el #AmigaDateCuenta, es como decirle a alguien en su cara que está siendo tonta, aunque ella ya sabe que está actuando mal y se siente tonta, porque además ya tiene a alguien a su lado que la trata de tonta a diario.


Hoy me tocó hablar con una mujer a la que la pareja le revisa el teléfono. Y desde el último mensaje que le envié no me contesta. Le hablé de nuevo y no me contesta. Espero que se haya quedado sin batería, que se haya quedado dormida, que se le haya caído internet…


Tengo un trabajo extraño y a veces siento que no me la puedo, que la angustia me la gana y que no saco mucho hablando desde un medio digital. En este trabajo no me pagan con dinero, aunque a veces me pagan con buenas noticias. Hoy me contactó una muchacha, se fue al sur, arrancó de su marido maltratador con sus dos hijes. Están en el sur viviendo felices y tranquilos. Me escribió porque está feliz como hace mucho tiempo no lo estaba. Me contó que ya no siente que se va a morir con sus niñes, que ahora es libre. La noticia me hace llorar de la emoción y de orgullo, porque ella fue capaz y lo consiguió.